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La formación pastoral en la era de la ortodoxia luterana

Un enfoque sorprendentemente basado en competencias

Por Daniel Witte

Este artículo contiene enlaces para quienes deseen leer más.

¿Un artículo sobre un artículo?

Pues sí. Tengo una recomendación para usted.

Lea un artículo de 2024 escrito por Benjamin T. G. Mayes: «Pastoral Formation in Lutheran Orthodoxy and the Method of Theological Study Proposed by Johann Gerhard». Aplíquelo a su propia situación de educación teológica.

El artículo de Mayes se publicó en las páginas 99-121 del número de abril/julio de 2024 (volumen 88:2-3) de Concordia Theological Quarterly. CTQ es la revista del Concordia Theological Seminary de Fort Wayne, Indiana (LCMS). El artículo está disponible gratuitamente en línea en formato .pdf. Mayes es profesor asociado de teología histórica en el Concordia Theological Seminary de Fort Wayne, Indiana. Puede escribirle a benjamin.mayes@ctsfw.edu.

¿Cómo sería si formáramos a los pastores más de esta manera? ¿Y si se tratara menos de los cursos que completan y más de lo que realmente pueden hacer: enseñar, predicar y cuidar de las almas?

Mientras lee este resumen, pregúntese:

  • ¿En qué coincide esto con lo que hacemos ahora?
  • ¿En qué nos desafía?
  • ¿Qué pequeño cambio podríamos poner a prueba?

¿Por qué un artículo sobre un artículo?

En 2025 vimos una breve introducción a la educación teológica basada en competencias (CBTE, por su sigla en inglés). Mayes muestra que lo que hoy llamamos CBTE tiene raíces profundas en la práctica luterana.

La CBTE se diferencia de los planes de estudio tradicionales en cultura, evaluación y ritmo.

  • No todos los estudiantes completan los mismos cursos a la misma velocidad.
  • Incluso «cursos» quizá no sea la mejor palabra; piense más bien en «experiencias de aprendizaje».
  • El avance en la CBTE se centra más en lo que el estudiante es capaz de hacer.

Tal vez usted leyó aquel artículo de octubre de 2025 con escepticismo. Tal vez se preguntó: «¿Lo más nuevo es lo más verdadero?». «¿Por qué no quedarnos con lo conocido?».

Considere a Johann Gerhard (1582-1637), profesor de teología en Jena, Alemania (1616-1637). La producción escrita de Gerhard fue prodigiosa. Todavía hoy ilumina a los eruditos, tanto en latín y alemán, sus idiomas originales, como en traducción.

Uno esperaría que un erudito como Gerhard exigiera el máximo rigor a los estudiantes de teología y a los futuros pastores que formaba, y que ese rigor se pareciera a los típicos programas de diplomado, licenciatura y maestría de la educación teológica actual. Uno esperaría que alguien como Gerhard, quien a lo largo de 13 años, comenzando a los 28 de edad, pudo publicar un manual de doctrina que hoy aparece en 19 volúmenes en su traducción al inglés, quisiera que los hombres a quienes formó como pastores fueran tan intelectuales como él. Uno esperaría que alguien que, según la reseña de la serie de CPH, es capaz de presentar «la fe cristiana a partir de la Escritura, en diálogo con los padres de la Iglesia, la teología medieval, Lutero y multitud de teólogos contemporáneos», quisiera que todos los futuros pastores que estudiaban con él en Jena fueran capaces de una minuciosidad semejante en sus futuros púlpitos y aulas, y que tuvieran títulos que lo demostraran.

Pues estaría equivocado.

La educación teológica basada en competencias en el siglo XVII

Considere algunos de los hallazgos de Mayes.

  1. Se ha calculado que, «entre los siglos XV y XVII, los estudiantes permanecían en la Universidad de Wittenberg un promedio de 1,8 años. No se exigía un título universitario para llegar a ser pastor. De hecho, en la Alemania moderna temprana, por lo general no se querían pastores con títulos universitarios para las parroquias rurales» (106).
  2. «El estudio de la teología en una universidad también era muy distinto de las prácticas norteamericanas modernas, porque los estatutos universitarios (al menos en Wittenberg) no hablaban de calificaciones ni de exámenes, ni los exigían, salvo cuando los estudiantes querían graduarse con un título».
  3. «Si bien los programas de estudio y la oferta de cursos estaban bien definidos, había una sorprendente cantidad de libertad. No había requisitos de ingreso establecidos para las universidades (aparte del dominio del latín), ni había una duración específica de permanencia del estudiante en la universidad».
  4. «El nombramiento como pastor de una parroquia no solía requerir un título académico formal. Más bien, se exigían los exámenes de la iglesia, los cuales se centraban en la confesión de fe del candidato, en su conocimiento de la Biblia y de la teología, y en su predicación».
  5. «Así, la duración de los estudios se ajustaba a los estudiantes, quienes tenían distintas capacidades y niveles de educación al llegar a las universidades» (106-107).
  6. «La habilitación para el ministerio pastoral dependía por completo de la competencia del hombre, y el plan de estudios teológico existía por completo para hacer al hombre competente para ser pastor» (énfasis añadido).
  7. «Así, en lugar de una boleta de calificaciones o de un certificado académico, era común escribir cartas de recomendación para los candidatos, que daban testimonio del carácter moral del candidato, de su capacidad para predicar y de su comprensión de la doctrina. Estas competencias se consideraban requisitos para ser pastor».
  8. «Es decir, la habilitación para el ministerio pastoral se basaba en parte en la piedad y el carácter del candidato. Se esperaba que los candidatos hubieran experimentado primero la palabra de Dios y la hubieran cultivado en la oración y la lectura, y que hubieran sido puestos a prueba en el mundo real».
  9. «Esta clase de competencias (académicas y personales) eran mucho más importantes que cualquier título académico para la mayoría de las parroquias y de los pastores».
  10. «Esto parece ser una forma rigurosa de educación basada en competencias» (107).

Más de Gerhard y de Mayes

Mayes pasa a resumir el Method of Theological Study (1617) de Gerhard, que abarca lo siguiente:

  • los prerrequisitos del estudio teológico,
  • los estudios preteológicos,
  • el estudio personal de la Biblia,
  • la lectura de libros doctrinales,
  • las disputas (disputationes), y
  • la predicación (107-113).

Lea esas páginas. Recoja lo que le sea de provecho para su propia situación de educación teológica.

La evaluación de los pastores en la era de la ortodoxia luterana

Una vez que un hombre estaba listo para presentarse al ministerio pastoral, tenía que predicar un sermón de prueba. «Por lo general, a los estudiantes de teología no se les permite hacerse cargo de una parroquia de inmediato. Primero deben servir como maestros de escuela o como pastores auxiliares. Esto es para que aprendan los ritos de la iglesia» (115).

Se realizaban exámenes antes del primer llamado y antes de los llamados a otras parroquias.

También había visitas eclesiásticas periódicas: «Entre las preguntas que se debían hacer, a los ministros de la iglesia se les preguntaba acerca de

  • su fidelidad al Libro de Concordia,
  • si habían leído la Biblia entera dos veces al año, y
  • si también habían estado leyendo los libros simbólicos y las obras de Lutero…,
  • cuáles comentaristas bíblicos antiguos y modernos habían estado usando, y
  • si sabían griego y hebreo.

»En cada visita se le asignaba al pastor un libro de la Biblia y uno o dos artículos de doctrina, y sería examinado sobre ellos en la visita siguiente. Esto aseguraba que un pastor perezoso siguiera estudiando y, lo más importante, que estudiara aquello que más ayudaría a su gente a defender y edificar su fe» (117).

Las conclusiones de Mayes

Mayes expone sus conclusiones sobre la aplicación moderna de los métodos del siglo XVII antes descritos en las últimas cuatro páginas de su artículo, 118-121. ¿Qué hacemos en la nueva era de la inteligencia artificial?

Mayes señala que «el método de formación pastoral de Gerhard me parece una formación pastoral basada en competencias. Para ser pastor no se requería ningún título en particular; no había que tomar ninguna clase en particular. Lo que se requería era un conocimiento profundo de la Biblia y de la teología, una excelente capacidad para predicar y enseñar, y piedad» (119, énfasis añadido).

En lugar de adoptar los métodos antiguos en bloque, Mayes llega a cuatro ideas para hoy:

«Primero, deberíamos considerar una formación pastoral rigurosa basada en competencias, con duraciones variables de los estudios en el seminario, ajustadas a las capacidades, los conocimientos previos y la experiencia de cada estudiante.

»Segundo, deberíamos considerar más lectura dirigida de la Biblia (cursoria y precisa o minuciosa). Los estudiantes deberían poder presentar un amplio portafolio de sus notas bien organizadas, que les servirán en sus ministerios.

»Tercero, las clases con formato de seminario deberían usar a veces el modelo de la disputa. De una manera u otra, recuperar la práctica de la disputa podría ser de gran provecho.

»Cuarto, como dice Gerhard: “El que ora con diligencia ya ha completado la mitad de sus estudios”. Si esto es cierto, entonces quizá la oración debería formar parte del plan de estudios. Por ejemplo, tal vez se podría reducir la carga de cursos y se les podría enseñar a los estudiantes a meditar en la Escritura, y luego esperar que lo hagan cada día y que registren sus reflexiones en sus notas exegéticas y teológicas bien organizadas» (120).

Sus próximos pasos

Si usted está formando pastores, intente esto durante el próximo mes. Lea el artículo de Mayes con su equipo docente (o una sección del artículo). Elija una práctica del siglo XVII o una recomendación de Mayes para ponerla a prueba. Ejemplos:

  • exigir una demostración de aprendizaje en lugar de un examen escrito;
  • asignar una lectura estructurada de la Biblia con toma de notas;
  • incluir la oración guiada como parte de la formación.

Reflexionen juntos: ¿Qué ayudó? ¿Qué debemos ajustar? Empiece con poco. Ponga a prueba un solo cambio. Aprenda de él. Me interesaría conocer sus comentarios.

En nuestra enseñanza y nuestro aprendizaje, en nuestro crecimiento en Cristo aun después de quizá muchos años de servicio en el reino, que Dios nos dé a todos, por amor de Jesús, el corazón del creyente judío que oró hace tanto tiempo: «Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley» (Salmos 119:18, RVR60).

גַּל־עֵינַי וְאַבִּיטָה נִפְלָאוֹת מִתּוֹרָתֶךָ׃

Daniel Witte forma parte del One Africa Team de WELS, en Lusaka, Zambia.